Los mejores planes de verano empiezan en la playa y acaban en la mesa.
Hay días de verano que no necesitan mucho más para ser perfectos: un baño en el mar, el sol en la piel, el tiempo que pasa sin mirar el reloj, y una mesa esperándote a pocos pasos del agua.
En el norte de Mallorca, este plan se repite una y otra vez, pero hay lugares donde se convierte en algo especial. Sitios donde puedes alargar el día sin cambiar de escenario, donde el mar no se deja atrás al salir del agua.
Si eres de los que entienden el verano así, aquí tienes algunos planes que empiezan en el mar y acaban exactamente donde deberían: en la mesa.
Salir del agua y sentarte directamente a la mesa — Restaurante Cal Patró.
Hay pocos placeres tan sencillos y redondos como este: dejar la toalla, quitarse la arena como se puede y sentarse a comer con el mar todavía presente. En Cal Patró, este momento forma parte de la experiencia.
Aquí no hay transición entre playa y mesa, todo sucede en el mismo lugar. El ambiente relajado, la cercanía del agua y esa sensación de verano real hacen que todo fluya. Vienes a comer, sí, pero sobre todo vienes a disfrutar el día.
El aperitivo perfecto: vino blanco, gilda y olor a mar — Restaurante Brisa Marina.
Hay días que no necesitan una comida larga. A veces basta con parar, pedir algo fresco y dejar que el momento haga el resto. Una copa de vino blanco, una gilda y el mar delante. Poco más.
En Brisa Marina ese aperitivo se convierte en una pausa perfecta entre baño y baño. Entre baño y plan. Entre playa y mesa. Ligero, sabroso y con ese punto informal que encaja con el verano. Te sientas un rato y sin darte cuenta, el día va avanzando camino de la perfección.
Disfruta de un buen vino mientras cae el sol frente al mar — Restaurante Can Matevet.
Cuando el sol empieza a bajar, el ritmo cambia. El calor se suaviza, el ambiente se vuelve más tranquilo y apetece sentarse con tranquilidad.
En Can Matevet, ese momento se vive con una copa de vino y el mar de fondo.
Es el cierre ideal para un día que ha empezado en la playa. Un espacio cuidado, una luz especial y esa sensación de estar en el sitio justo en el momento adecuado.
Un arroz negro de calamares con los pies llenos de arena — Restaurante Cal Patró.
El arroz negro sabe diferente cuando lo comes así. Con el cuerpo todavía salado, el pelo húmedo y sin prisa por irte a ningún sitio. Es un plato que pide tiempo y un poco de pan (o mucho) para no dejar nada.
En Cal Patró este arroz se convierte en parte del paisaje. No solo por cómo está hecho, sino por dónde lo estás disfrutando. Es uno de esos momentos que resumen muy bien lo que significa un buen día de verano.
Un arroz de pulpo al atardecer con el puerto teñido de rosa — Restaurante Brisa Marina.
Hay días que empiezan en el agua y terminan así, sentado, con hambre, viendo cómo cambia la luz y el puerto se va tiñendo poco a poco. El arroz llega en el momento justo, cuando ya no hay prisa por nada.
El arroz de pulpo en Brisa Marina es de esos platos que acompañan el final perfecto del día. Sabroso, bien trabajado y con un entorno que hace que todo se disfrute un poco más. Aquí el buen tiempo se vive de otra manera.